Inteligencia emocional en las aulas

13 de abril de 2021

Por un momento, paraos a pensar sobre las decisiones que tomáis en vuestro día a día o a lo largo de la vida… ¿Verdad que las emociones tienen una influencia directa, más o menos decisiva en todas ellas? 

Ante esta realidad, educar emocionalmente a nuestros pequeños tiene que ser uno de nuestros retos y objetivos. Es un hecho que los niños con capacidades en el campo de la inteligencia emocional son más felices, más confiados y tienen más éxito en la escuela. Del mismo modo, es la base para que crezcan como adultos responsables y atentos. 

Para poder desarrollar la inteligencia emocional, hay que tener en cuenta los cinco aspectos que Daniel Goleman señala como fundamentales. Incidir en cada uno de ellos en conjunto les aporta las herramientas necesarias para gestionar sus sentimientos y desarrollar seguridad en sí mismos:

  1. Autoconocimiento: Tenemos que ayudarles a conocer cuáles son sus capacidades y cuáles son sus puntos débiles, para una mayor confianza en sí mismos y una mayor capacidad autocrítica.
  2. Autocontrol: Nos permite reflexionar y dominar nuestros sentimientos o emociones para no dejarnos llevar por ellos ciegamente. Por ejemplo, es bueno que aprovechemos las situaciones de rabia y frustración, para acompañar/guiar en la recuperación de la serenidad. Les ayudará a crear estrategias para gestionar mejor sus decisiones. 
  3. Automotivación: Enfocar las emociones hacia objetivos y metas nos permite mantener la motivación y establecer nuestra atención en las metas, en vez de en los obstáculos. Trabajar este aspecto con ellos les ayuda a adquirir tenacidad, ilusión, perseverancia, e incluso, tolerancia a las frustraciones.
  4. Reconocimiento de emociones en los demás (o empatía): La detección de las emociones y sentimientos ajenos nos puede ayudar a establecer vínculos más estrechos y duraderos con las personas con que nos relacionamos. En este sentido, debemos ayudarles a adquirir la capacidad de reconocer las emociones de los demás, saber escucharlos, ponerse en su lugar y entender cómo se sienten.
  1. Relaciones interpersonales (o habilidades sociales): Saber tratar y comunicarse con aquellas personas que nos resultan simpáticas, pero también con personas con las que no simpatizamos tanto. Trabajando este aspecto, el niño consigue interactuar de forma adecuada y una mayor capacidad de asertividad.

Por ello, desde nuestras aulas de infantil trabajamos interdisciplinarmente estas capacidades, para que crezcan como niños emocionalmente inteligentes: 

-A través de la conversación espontánea intercambian experiencias y vivencias con sus compañeros, lo que supone hablar de sentimientos, estados de ánimo, sensaciones, emociones, gustos, problemas… Promoviendo tanto el autoconocimiento como el conocimiento de los compañeros y así comprenderse los unos a los otros y ponerse en su lugar.

-A través de la narración de cuentos les ofrecemos la oportunidad de vivenciar y aprender sobre sentimientos humanos desde una distancia de seguridad que les permite sentir sin riesgos. Los cuentos permiten la introspección, la autoconciencia y el autoconocimiento. También puedes hacer que los niños comprendan alguna emoción básica y empaticen con su protagonista.

-A través del juego simbólico identifican sus propios sentimientos y el de los demás, teniéndose que poner en la piel de otros para poderlos representar e imitar. A la vez aprenden a resolver problemas a través de la experiencia. Estimulémoslos a resolver problemas, en lugar de intervenir para resolverlos nosotros mismos. De este modo le enviamos el mensaje de que puede aprender a confiar en su propia iniciativa.  

-Mediante el juego libre y las dinámicas en gran grupo aprenden a relacionarse con sus iguales, identificando la diversidad de relaciones y sentimientos que mantenemos con los demás. Favorecen las relaciones interpersonales, las habilidades sociales: respetar los turnos de palabra, el saber ganar o perder (autocontrol)… 

Son algunos ejemplos de cuándo y cómo trabajamos la inteligencia emocional en el aula, pero siempre se dan situaciones inesperadas perfectas que brindan la oportunidad de trabajar las emociones de manera más individualizada o a nivel grupal.

¡Ah! y no olvidemos que somos su ejemplo, el espejo en el que se miran. Nuestra forma de interactuar es muy importante. 

Anna Cartañà

Tutora P3B

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