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22 de enero del 2026

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8 claves para despertar el valor de expresar emociones en la adolescencia

Una de las preocupaciones más habituales en los padres con hijos en edades adolescentes es:
«mi hijo no habla nada», «mi hijo no cuenta nada».
Parece que la IA no nos va a ayudar en esto, al menos cuando hablamos de inteligencia emocional.

En una conversación con Niobe Way, autora de Rebeldes con causa, me explicaba con pasión la necesidad de que los chicos puedan expresar sus sentimientos. Le comenté lo que hacemos en el colegio Viaró y le sorprendieron los resultados: la transparencia y la sinceridad a la hora de escribir de los chicos. Pienso que el modelo de la nueva educación diferenciada ayuda a que se obtengan estos resultados.

8 claves para despertar el valor de expresar emociones en la adolescencia

Llevo ya un tiempo trabajando —al menos desde el mundo educativo como profesor— para que los alumnos puedan abrir el corazón a la hora de escribir y, posteriormente, facilitar ese diálogo interior que permita y mejore el diálogo con la familia.

Con los años, he ido comprobando que la escritura puede convertirse en una herramienta muy potente para desarrollar la inteligencia emocional en la adolescencia, siempre que se den las condiciones adecuadas. Estas son algunas de las claves que, en mi experiencia, ayudan a que los adolescentes empiecen a expresar lo que llevan dentro.

Claves para ayudar a los adolescentes a expresarse por escrito

1. Un clima en el aula relajado y natural

Lo primero que hace falta es un clima en el aula relajado y de naturalidad a la hora de hablar de la belleza, el asombro, la admiración, la contemplación, la escucha y la mirada apreciativa.

Aprendí de Jaume Lladó, responsable de Dale Carnegie en España, cómo trabajar equipos de personas para crear el clima adecuado que permite crecer personalmente de manera más eficiente.

Cuando el alumno se siente seguro, baja la guardia. Y solo desde ahí es posible empezar a trabajar la expresión emocional de verdad.

2. Modelos clásicos de calidad

En segundo lugar, hacer accesibles los clásicos. En el caso de los alumnos de 14 y 15 años, nosotros leemos, entre otros libros, Leyendas y rimas de Bécquer para profundizar en el lenguaje poético: cómo mostrarlo, sugerirlo a través de símbolos e imágenes y cómo hablar del amor sin ruborizarse.

No se trata solo de leer, sino de crear una atmósfera que haga agradable y apetecible este tipo de lectura. Ayuda que el profesor lea fragmentos con pasión y emoción sincera.

Los clásicos ofrecen un lenguaje emocional profundo que muchos adolescentes todavía no saben poner en palabras, pero sí reconocer.

3. Apoyarse en la música y el cine

Hay muchas canciones que nos acercan a contenidos poéticos que pueden conectar con los adolescentes. A mí me gusta dar un salto y ponerles temas que no conozcan y sean algo sorprendentes y sencillos para ellos, como la canción Si los hombres han llegado hasta la luna de Siempre Así, haciéndoles una introducción para que presten atención a las imágenes que nos muestra.

También funcionan muy bien algunos momentos de la película El club de los poetas muertos, ya convertida en un clásico: cuando explica en el aula la importancia de la poesía o cómo consigue que un chico tímido, que inicialmente se niega a salir frente a la clase, muestre sus sentimientos ante los demás.

Estas referencias ayudan a normalizar la expresión de emociones y a romper la idea de que hablar de sentimientos es algo extraño o incómodo.

4. Hacerlo cercano y accesible: poesías de antiguos alumnos

8 claves para despertar el valor de expresar emociones en la adolescencia

Es siempre sorprendente ver las caras de los chicos cuando abres el blog Heart & Thoughts y les muestras las poesías cargadas de sentimientos que han escrito compañeros de años anteriores.

Llama especialmente la atención cuando uno de los autores es el capitán del equipo de fútbol, o cuando aparece una poesía de aquel alumno más rudo, frío o tímido. Los temas suelen ser el silencio, el eco, el paso de niño a adolescente, el cambio o una frase inspiradora.

Aquí sucede algo clave: descubren que otros, como ellos, también sienten y saben expresarlo. Y eso conecta directamente con el desarrollo de la inteligencia emocional.

5. Acertar con los temas sobre los que escribir

Vale la pena empezar por lo sencillo y exterior antes de ir a lo complejo e interior. Procuro comenzar por la descripción objetiva o subjetiva de algo. Pueden escoger el tipo de descripción de manera que no se sientan comprometidos desde el inicio.

Así descubren que tienen más capacidad para escribir de la que imaginaban y que de algo simple pueden surgir auténticas maravillas si se fijan en los detalles o buscan imágenes y símiles creativos. Todo esto, siempre, dentro del aula.

Poco a poco se van mostrando y sugiriendo temas más interiores, que requieren mayor introspección, autoconocimiento y reflexión.

6. Criterios de evaluación claros

Se valora:

  • un 25 % la redacción y la concordancia,
  • el lenguaje poético y la creatividad,
  • la sensibilidad que se muestra,
  • y la adecuación al tema propuesto.

Evaluar también la sensibilidad y la coherencia emocional transmite a los alumnos que lo que sienten importa.

7. La puesta en escena el día de la lectura

En el mismo folio donde escriben la poesía, se les pide que indiquen si quieren leerla ellos en voz alta ante la clase o si prefieren que sea el profesor quien la lea de forma anónima.

Empiezo leyendo las más destacadas, diciendo el autor si lo ha autorizado. Se va creando una atmósfera que facilita que otros alumnos, inicialmente anónimos, se animen a levantar la mano para leer las suyas.

Este momento suele ser un punto de inflexión: muchos descubren que pueden mostrarse sin ser juzgados.

8. El disfrute en familia

Se les anima a que compartan la poesía en casa. Los padres se sorprenden de la calidad y, de hecho, algunos dudan de que sean sus hijos quienes la han escrito.

Suele ser un buen momento para hablar de temas que nunca pensaron que podrían tratar con ellos. La escritura se convierte así en un puente real entre el mundo interior del adolescente y la vida familiar.

Cuando un adolescente aprende a expresarse, todo cambia

Aprender a escribir lo que sienten no es solo un ejercicio académico. Es una forma de educar la inteligencia emocional, de ayudarles a poner nombre a lo que les pasa y a comprenderse mejor.

Cuando un adolescente logra expresar por escrito lo que lleva dentro, suele ser el primer paso para poder compartirlo después con otros: con sus amigos, con sus profesores y, muchas veces, con su familia.

No se trata de forzar conversaciones ni de arrancar confesiones, sino de crear espacios —en el aula y en casa— donde la palabra pueda aparecer con naturalidad. A veces empieza en un papel. Y, sin darnos cuenta, termina mejorando la comunicación, la confianza y la calidad de las relaciones.

Este trabajo con la escritura forma parte de un aprendizaje más amplio: ayudar a los adolescentes a entender lo que sienten, cómo se relacionan y cómo viven sus vínculos.
Si te interesa profundizar en este enfoque, puedes leer también este artículo sobre educación de la afectividad, donde abordamos cómo acompañar este proceso desde la escuela y la familia.

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Miguel Dionis

Secretary General

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